Tiburón con cabeza de serpiente y 300 dientes encontrados nadando frente a la costa portuguesa

Durante el último año, el océano ha mostrado periódicamente criaturas marinas prehistóricas profundas para fotografiar y estudiar. ¿El último hallazgo? El brutalmente feo y científicamente explorado tiburón volador.

El jueves, científicos que navegaban en aguas portuguesas capturaron una de estas bestias con cuerpo de serpiente. Las fotos, naturalmente, se mueven por Internet. Reverenciado como uno de los últimos fósiles vivos, el nadador de cara de pala, que puede crecer más de 6 pies de largo, ha estado flotando a través del registro fósil durante los últimos 80 millones de años.

Además de su forma inusual, el tiburón de aleta amarilla tiene una serie de otras características notables. Para empezar, tiene más de 300 dientes, en 25 filas ordenadas. Este impresionante arsenal dental es útil cuando se trata de devorar a su presa, que incluye pulpo y tiburones pequeños. Del mismo modo, al igual que una serpiente, el tiburón volador puede abrir su “pico” lo suficientemente ancho como para tragar la presa entera. Sin embargo, sus patrones de caza, y mucho más sobre la vida del tiburón, siguen siendo un misterio. El tiburón vive generalmente más abajo en las profundidades del océano, haciendo raras las interacciones entre los tiburones normales y los seres humanos.

Y el tiburón volador no es el más raro avistamiento de mar este año. En junio, los científicos encontraron un pez sin rostro que no había sido visto desde 1873. Como un demogorgon apretado y gelatinoso, el pequeño resurgió en los puertos de Sydney después de una ausencia que se había estado extendiendo por más de un siglo. Otros investigadores también encontraron el pez óseo más grande del mundo, que pesa unas dos toneladas, y una nueva especie de esponjas marinas.

Inmediatamente después de estos descubrimientos, la gente tiende a sentir mucho interés por los misterios del océano, como debería ser. Pero la verdadera emoción se revela lentamente en los días y meses resultantes de la investigación de laboratorio. Los científicos aprendieron, por ejemplo, que el “pez sin rostro” realmente tiene una cara.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *